Mostrando entradas con la etiqueta Las ínsulas extrañas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Las ínsulas extrañas. Mostrar todas las entradas
"Tu mano, y paseemos"
miércoles, 18 de agosto de 2010
8
«Tu mano, y paseemos»
La arena es luz humilde,
ofrenda de la piedra, venida de los mares,
de los altos arroyos.
Es primavera y fluye
si tus pies la caminan,
si la acogen tus manos.
O acaso sea tiempo desgranado en instantes
por el interminable reloj del universo.
¿Es piedra que se pudre una vez fenecida
y en polvo se transforma?
Dura matriz sombría de la nada
tal vez sea la piedra,
y desde ella se alumbren
parsimoniosamente arenas que no cesan.
Qué importa la respuesta.
Dame, dame tu mano, mujer, y caminemos.
Descalzos caminemos por las playas del mundo.
O vaciar día a día
miércoles, 11 de agosto de 2010
Las ínsulas extrañas
Francisco Álvarez Velasco
3
O vaciar día a día
el hondo vaso amargo,
el vaso de este tiempo medido hasta los bordes,
o bajar a la suave
tibieza de tus sitios umbríos y esperar
que remanse el galope
como una intensa lluvia
de sangre hasta las sienes insaciables.
Porque es cierto que nunca,
nunca podré tenerlo,
si traspaso este instante,
este borde impreciso de la dicha.
Mujer contra la muerte
Del viejísimo jugo de la tierra
Las ínsulas extrañas
Francisco Álvarez Velasco
La llamarada azul de la mañana
por tus ojos. Y un jugo de continua
primavera en el fruto partido de los labios
que a la vida me invitan.
Me invitan a la vida. Sin embargo,
noviembre entre los chopos
todo un río amarillo camino de su muerte.
La senda que llevamos va llena de señales
de un tiempo glorioso como el nuestro
(el que juntos gozamos
y hoy ya desmoronado como tapias de adobe).
¿Me salvarán tus ojos? ¿Me salvaré en tus labios?
Me salvaré en tus ojos
si miras en el árbol
y encuentras las señales
del ritual misterioso de un tiempo que retorna.
Me salvarán los labios, si en tus labios florece,
como el hierro en la fragua con fuego destellante,
la ardiente rosa roja contra todo el invierno.
Tal vez puedas salvarte
Tal vez puedas salvarte
si hoy por tu espejo vienen
bandadas de palomas que marcaron
linderos a la infancia
y campanas que fluyen
en altos campanarios
y nos convocan, llaman, están llamando a fiesta.
Cruza, en cambio, una niebla repleta de presencias ignoradas
con el espeso espanto del insomnio.
Y detrás de esta niebla,
otra niebla te llega sin orillas.
Tal vez puedas salvarte
si encuentras los caminos
y otro mundo detrás de los espejos
con mares, playas, islas.
Hay otra vida acaso en ínsulas extrañas
donde estés tú tendida para siempre.
Toda la luz del mundo
Del viejísimo jugo de la tierra
Las ínsulas extrañas
Francisco Álvarez Velasco
5
Toda la luz del mundo junto a tu vientre estaba
y allí pude salvarme,
salir de los naufragios.
Venía brisa fresca de algún alba lejana.
La noche sin resaca, cerrada en sus linderos.
Era el paso del tiempo
el paso milenario del mármol cuando fluye.
No de otro modo el río
subterráneo se alza
por el pozo y se asoma
al espejo curvado de los cielos azules.
Toda la luz del mundo. Y hoy me quema el recuerdo.
Bajo lunas efímeras, bosques, sombras, espumas,
altas estrellas claras,
recorría tu cuerpo palpitante y tendido
como ardiente centeno luminoso,
como árbol que cae y sigue floreciendo.
Fuiste después arroyo fugitivo.
Hoguera de luz vívida, destellabas remota,
ocaso al rojo vivo de la tarde.
Era yo el caminante y nunca te alcanzaba.
Silenciosa, intangible te alejaste
por la turbia hojarasca de mi insomnio.
Toda la luz del mundo. Y hoy me quema el recuerdo.
Toda la luz del día
Del viejísimo jugo de la tierra
9
Toda la luz del día se aquieta en los espejos.
Detrás de los cristales
ese mundo que gira (de qué siglo a qué siglo)
con su viento sacude las ciudades lejanas,
los trigales de mayo.
Y golpea su lluvia los espesos postigos del silencio,
las esquinas amargas,
la hierba en los escombros,
o la suave tibieza de los nidos de alondra,
o aquel dulce volar
ayer vivo y azul de la luz en tu cuerpo.
Te sueño en ese mundo, y te busco en su tiempo.
Canción 36
Canción 36
No salgas de la noche
porque sucede a veces que de un sueño
se parte hasta otro sueño
en que verás arder la hoguera que nos junta.
Otro sueño en que bebo, estoy bebiendo
la limpia luz del alba
en tu cintura, toda
la luz de los ocasos.
Y mana el agua pura.
Abre la puerta ya para ese mundo
donde suaves fluyen las llamas y la brisa,
la hiedra por los árboles,
y mana el agua pura.
Y la vida es total y fluye para siempre,
como va y como viene
por la playa la espuma,
como caen
los más altos arroyos de la nieve,
o sube hasta nosotros un continuo
brotar de violetas,
como fluye ese vuelo incesante
del bando de palomas hacia el alba,
oh, tú, mujer que vas por ínsulas extrañas
en la noche más clara de tu cuerpo,
do mana el agua pura.




